BLOG / Repensando la Ginecología

Ilustración de Roja Lezama

Las mujeres no podemos esperar recuperar nuestra sabiduría corporal y nuestra capacidad innata para crear salud sin comprender primero la influencia de nuestra sociedad en lo que pensamos de nuestro cuerpo y la manera de cuidarlo.”

-Dra. Christiane Northrup-

 

Por Mujer Fecundada

La ciencia médica como la conocemos ahora está conformada por concepciones limitadas de la salud y la vida, es una ciencia centrada en la enfermedad y sustenta su método “curativo” en fármacos e intervenciones quirúrgicas. La especialidad médica de tratamiento de la mujer se le conoce como ginecología y se centra básicamente en las funciones reproductoras femeninas, así la ginecología ha tratado de conocer y comprender los órganos genitales femeninos más que a las propias mujeres. La ginecología, desde sus inicios ha estado profundamente sesgada por una visión masculina del cuerpo y la vida femenina; basta echar un vistazo a la historia para ver cómo la ciencia médica ha sido una herramienta poderosa de control de los cuerpos y la ginecología, el medio autorizado para deslegitimar la naturaleza femenina, ya que se fundamentó en la noción de que el cuerpo femenino era inferior, por lo que era necesario dominarlo y controlarlo.

Desde sus inicios, esta especialidad médica carga con herencias religiosas, ideológicas y culturales que argumentan imposiciones como que el cuerpo femenino es débil y anormal, y por lo tanto la mujer está eternamente enferma; estas concepciones del cuerpo femenino, trascendieron la esfera médica para ser un discurso que ha producido representaciones y prácticas de lo femenino y de identidad de las mujeres, y que hasta nuestros días prevalece en la vida cotidiana. Así, encontramos cómo hasta la fecha la ginecología no se ha podido despojar de estas concepciones reducidas y estigmatizadoras, mucho menos ha dejado de lado sus prácticas invasivas y violentas.

En nombre de la salud se interviene quirúrgicamente de manera injustificada, se medicaliza la menstruación, la fertilidad y la menopausia.

En la era moderna empezamos a vivir un cuerpo referido por conceptos que no nos pertenecían, que nos alejaban más de conocer y sentir nuestro propio cuerpo, el mayor acercamiento que nos enseñaron fue el llamado “aparato reproductor”, con una imagen plana e irreal de lo que en verdad habita dentro de nosotros, de lo que en verdad somos. Todo nos habla de replantearnos aquel modelo mecanicista de la ciencia médica que desde el siglo XVII se ha tomado como válido y correcto, revalorar las prácticas y actitudes de los “especialistas” que lejos de favorecer y sanar a las mujeres, las incapacita para conectarse con su propio cuerpo y sus manifestaciones, adormece su iniciativa y su conciencia para ejercer libremente su poder y su individualidad. Por esto es vital repensar los modelos de salud de las mujeres.

Estamos repensando a la ginecología y cada vez más mujeres en todo el planeta saben que es posible conocer y tratar el malestar y la enfermedad femenina desde concepciones más amplias y completas, concepciones paridas desde nosotras mismas, desde nuestro propio cuerpo; a esta otra visión nos gusta llamarla gyn-ecología, la ecología de la mujer, en donde un perfecto sistema orgánico se manifiesta en y con nuestro cuerpo, que somos nosotras mismas y lo que nos rodea. Así, los órganos, las hormonas, las emociones, los pensamientos, las prácticas cotidianas y todas nuestras relaciones tienen que ver con nuestro estado de salud o enfermedad. Por ello, nosotras mismas podemos intervenir y mejorar esta sensible red de interconexiones de nuestro organismo.

La gyn-ecología va de la mano con el autoconocimiento, porque nadie mejor que nosotras mismas sabe qué es lo que nos sucede, nos incomoda, nos enferma; el cuerpo habla y es necesario escucharlo, ahí está la clave de cómo podemos restablecer nuestro bienestar. La gyn-ecología echa mano de conocimientos, saberes y disciplinas que aportan una visión amplia, para conocer las causas de los malestares y para poder equilibrar el estado de salud sin efectos secundarios, sin prácticas invasivas, sino todo lo contrario, se busca restablecer esa conexión con el propio cuerpo, tomar la responsabilidad y la consciencia por el propio cuerpo, retomar el poder de sanarnos a nosotras mismas.

Sabemos que la gyn-ecología la vamos construyendo juntas, en el nombrar nuestro cuerpo y manifestaciones, nombrar de manera sencilla y natural porque al nombrarnos damos existencia, sabiendo que es una existencia cambiante y diversa en cada mujer. Por esto es preciso compartir-nos entre mujeres, y así de manera abierta, sencilla y natural hablar del cuerpo, de la sangre menstrual, del útero, del embarazo, del deseo, de las emociones.