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BLOG / De cuando tu copa menstrual resultó ser pirata

 

                                             Dedicado a todas las compañeras que están en busqueda. 

 

¿Qué tal va creciendo la Luna? Desde ixchelandia que está refresca, les mando este frescor y olor a nardos para que todas sus semillas se pongan fuertes y crezcan como sanas ideas, sueños y convicciones.

Desde hace unos días quería hacerles estas letras para comunicarles una situación que cada vez es más recurrente en el correo o inbox ixcheleano, se trata de la copa menstrual. A diario nos escriben mujeres de todo el mundo para pedirnos información sobre qué es, cómo se usa, de qué va la cosa, y la verdad es que a nosotras nos encanta compartirles el ABC sobre las alternativas menstruales, creemos totalmente que un pequeño cambio puede conducirte a otros cambios, a otros mundos, y definitivamente, la copa menstrual es un artefacto que te garantiza una aventura deconstrucción, aprendizaje y resignificación.

Bueno, la cosa es que también ha crecido el número de compañeras que nos escriben para compartirnos sus malas experiencias con la copa, las leemos, las asesoramos e intentamos animarlas a escuchar su cuerpo y darse una nueva oportunidad. Pero hay casos, muchos casos  que nos comparten a diario  con respecto a copas menstruales defectuosas y la desagradable experiencia que pone en riesgo la salud de las usuarias. Hemos recibido tantos testimonios que al día de hoy nos es posible identificar varios patrones y escenarios en los que se sitúan estas experiencias. Lo hemos comentado con más compañeras dedicadas al activismo menstrual y de verdad que consideramos necesario hablar de esto. Así que, decidimos compartirles algunos datos que hemos ido registrando en el transcurso de los últimos 8 meses, estos datos nos fueron compartimos por 25 usuarias.

Por lo regular todo comienza con la pregunta:

¿Es normal que mi copa tenga estas características

1. Porosa

2. Está cuarteada

3. Se rompió fácil

4. Se hizo verde

5. Se le hizo una grieta y le quedó tejido endometrial dentro de esa grieta

Como protocolo, nosotras preguntamos:

¿Qué marca es es tu copa menstrual? 

  1. No me acuerdo, creo que no decía.
  2. No decía, venia en una bolsita de celofán con una bolsa de tela.
  3. Me la regalaron, no venía en caja.
  4. Creo que es…. (nos han mencionado marcas que ni nosotras sabíamos que existían, pero todas lucen igual, sólo cambia el color de la bolsa en la que vienen empacadas)

¿Hace cuánto tiempo que la estás utilizando? 

  1. 3 periodos
  2. 5 periodos
  3. 2 periodos
  4. Cerca de un año

 ¿Dónde la conseguiste?  

  1. Mercado libre
  2. Venta por internet
  3. Grupo de WhatsApp
  4. Me la regalaron

¿Cuánto te costó? 

  1. $100 pesos
  2. $200 pesos
  3. $250 pesos
  4. Compramos entre varias un paquete de 24 copas x $1800 pesos

¿En el empaque o en el instructivo se especifica de qué material está hecha? 

  1. No dice, no tiene instructivo
  2. Está en otro idioma
  3. Silicon quirúrgico (No indica certificados)

De estos 25 testimonios, sólo 8 casos nos compartieron efectos adversos en su cuerpo como:

  1. Irritación en introito vaginal
  2. Inflamación vaginal y en bajo vientre
  3. Mal olor del flujo menstrual una vez recolectado con la copa

 

Las compañeras siempre nos preguntan ¿Qué sigue? ¿Qué puedo hacer? Nosotras les abrazamos aunque sea a la distancia, y les recomendamos que dejan de utilizarla, que si tienen la posibilidad dialoguen con la persona o grupo de personas que les vendieron la copa, pues definitivamente deben ser advertidas de que el producto que están acercando a tantas mujeres no es seguro, no es de calidad y de plano no es de silicon quirúrgico. Y claro, que compartan su experiencia con más mujeres, procuremos cuidarnos unas a otras.

En los últimos 3 años, el mercado de copas menstruales en nuestro país ha dado un salto cuántico hacia la diversidad de marcas, materiales, formas y colores. Por desgracia, muchas de estas marcas no son confiables, se ofertan a muy bajo costo en redes de mercadeo que no ofrecen asesoría y acompañamiento a las usuarias, tal cual, esto se ha convertido en un mercado negro.

¿Qué hacemos compañeras? ¿Cómo nos cuidamos? ¿Cómo entenderemos que cuando se trata de un producto para tu vagina “lo más barato” simplemente no puede ser una opción? Muchas de las compañeras que nos solicitan recomendaciones, nos piden que les recomendemos la más barata, pues van a “probar,  y si les gusta, luego invierten en una de mejor calidad”, nosotras sonreímos, les explicamos que es muy arriesgado el querer aplicar el método prueba y error en la vagina, que aunque compren la copa más cara del planeta, su inversión habrá sido recuperada en un año, y que en los próximos 7 o 10 años estarás ahorrando miles de pesos, estarás experimentando menstruaciones saludables e higiénicas.

Actualmente existen muy buenas copas menstruales circulando en nuestro país, buenos y bellos proyectos de calidad; también existen blogs dedicados la realización de reseñas sobre distintas marcas, vale la pena darnos un tiempo para investigar, preguntar y preguntar hasta que todo nos quede bien claro. Y si te encuentras con una mujer que además de venderte la copa te ofrece asesorarte y acompañarte en tus primeros ciclos de experimentación, siéntete segura, siéntete bienvenida, somos una manada de mujeres en todo México que dedicamos mucha de nuestra energía para que todas podamos construir nuestro propio Bienmenstruar.

¿Te ha pasado? ¿Conoces a alguien a quien sí? ¿Te gustaría compartirnos tu experiencia para continuar nuestro registro?

Con cariño,

)O( Nadia )O(

BLOG / ¿Qué es quererse a sí misma?

 

 

 

Por Ericka Staufert Reyes

A Rita,

mi geminiana del reflejo encantador.

 

Hoy es catorce de febrero, lo que es decir que durante un día el mundo es un espacio donde se recuerda la importancia del amor y la amistad.

A lo largo de mi vida he tenido varias etapas con respecto a este evento mercadotécnico: durante mi secundaria invertí lo que en ese tiempo era una fortuna en chocolates, paletas, claveles blancos y alguna rosa roja; luego en mi prepa me vestí de negro como acto de protesta; en la carrera me enternecí cuando mi amiga Frisby nos regalaba panquecitos horneados por ella; y luego vino la apatía, el simple y llano obviar el festejo del amor y la amistad.

Este año y desde este espacio en Ixchel quiero hacer algo distinto. Quiero aprovechar el tema para compartirte algunas cosas que he aprendido sobre el amor que me tengo, lunera querida, desde que formo parte de la Colectiva Ixchel.

La premisa es sencilla: la primera persona a la que habríamos de querer es a una misma; pero ¿qué implicaciones hay en tal acción? Lo que me enseñaron es que eso significa no dejar que otras personas me lastimen… ok, ¿y qué más hay? Si profundizáramos en ese discurso, ¿qué acciones encontraríamos que representan tener amor hacia la propia persona? Mi tía me contestaría que es maquillarse para sentirse bien, yo agregaría que es cuidar mi higiene y mi salud; mi amiga Cristina diría que es sonreír al espejo cada mañana para sentirme cómoda en mi piel; ¿tú qué agregarías, lunera?

Te platicaré dos aspectos del amor que hacia mí siento y que he reflexionado desde que participo en Ixchel: respetar mi sabiduría y quitar las máscaras al espejo.

El conocimiento es una cosa y la sabiduría es otra

Quizá desde la filosofía aristotélica, atravesando por el pensamiento cartesiano y kantiano, exista la distinción entre conocer el mundo y saber el mundo, pero no sé porqué la hemos olvidado, ni porqué como sociedad hemos puesto la atención en el conocer, lo que nos conduce a honrar el conocimiento que podemos estudiar, medir y cuantificar, y a obviar la voz intuitiva que no podemos razonar.

¿Será esto un efecto de vivir en la Edad de la Razón, bajo el dominio del pensamiento del “hombre blanco occidental” y subyugades todes por el patriarcado? Una intuición me dice que sí, pero no tengo el conocimiento sociológico, ni histórico, ni filosófico para afirmarlo.

Lo que sí puedo afirmar es que quererse a sí misma es aprender a reconocer la valía de nuestra intuición, es decir, afinar el oído para escuchar la voz que nos viene de la sangre y de la conciencia, afinar el cerebro para actuar conforme la sabiduría que desarrollamos a lo largo de nuestra experiencia de vida. Cabe agregar: tanto hombres como mujeres tenemos esta sabiduría, porque ella no radica en el sexo ni el género, y sí radica en lo femenino que tenemos todes les seres humanes.

Quererse a sí misma, entonces, es respetarse tanto que podamos dar cauce a nuestras intuiciones y a nuestras emociones, porque éstas no pertenecen al dominio de la razón y del conocimiento, están ubicadas en la parte no racional de nuestro ser, y precisamente por eso a muchas personas nos han enseñado a restringir lo que sentimos: eso es no amarse. Negar las emociones que nos mueven, o que nos tumban, es no tenernos respeto, es rechazar una parte de nosotres que nos pertenece.

Quitar las máscaras al espejo

Me decía mi abuela que más me valía llevarme bien conmigo porque soy la persona con la que estoy todo el tiempo. ¡Ay pero qué difícil es conocerse! Pero también ¡qué delicioso es el camino que nos conduce a nosotras mismas!

El autoamor implica darnos espacio para intimar con nosotras –sí lunera curiosa, así como en lo físico como en lo espiritual-, soltar las amarras que nos atan a la percepción que los demás tienen de nosotras, vernos sin la mediación de las máscaras que hemos fabricado para funcionar socialmente.

He pasado largo tiempo contemplando mi rostro, viéndome sonreír y sintiendo lo rojo de mi cara por tanto llorar. Cada vez que me alejo del espejo me siento llena de la sabiduría de saber quién soy; y digo sabiduría, porque a nuestro ser no accedemos por el conocimiento, éste nos dice cosas prácticas que no nos llenan; nos dice: yo soy Ericka, soy mujer, soy escritora, fui abogada, soy hija, soy esposa… chalalá, chalalá, chalalá. Quien yo soy lo llevo prendido en mí, no lo puedo nombrar, no lo puedo señalar, sólo puedo saberlo.

Saber quiénes somos sin etiquetas, sin concepciones aprendidas, querida lunera, es el mayor regalo que nos podemos hacer: el de una travesía diaria que nos fortalece.

¡Felices sean tus días explorando el amor que te tienes!

 

BLOG / Lo que necesitas es NUTRIRTE

 

Queridas compañeras, les escribe Nadia, la Ixchel que junto a su hermana, soñó en armar colectiva para acompañarnos en los procesos de la salud femenina. Mientras me leen, sientan esta sonrisa que les dejo entre letras.

Vengo a esta ventanita a compartirles la aventura de mis últimos días y cómo esta aventura cambió su rumbo sorpresivamente; la mera verdad, me gustan las sorpresas y los cambios inesperados, me resulta emocionante explorar la capacidad de adaptación y fluidez con la que mi naturaleza se muestra.

Todo comenzó en diciembre (justo antes de las bacanales de temporada) cuando me reencontré con una querida amiga dedicada a la trofología. La verdad es que hace un par de años comenzó a rondar en mi cabeza la idea de conocer cómo funciona y pa qué sirve la “trofo”, sobre todo cuando fui testigo del proceso de restauración de la salud de una comadre muy cercana que andaba batallando con el VPH y que en la trofología encontró un súper apoyo.

Entonces le dije a mi amiga trofóloga que me diera una cita para enero del 2018, pues me quería hacer un detox, ya que en los últimos meses mi consumo de café, carne y harina habían rebasado mis niveles habituales de ingesta. Claro que le dije que la cita la quería para enero, pasando los santos festines de temporada. ¿Cómo es una verdad? Ya tenía mi cita para un detox en enero y un plan inconsciente de intoxicación para cerrar el año.

La aventura del detox  se me antojaba para hacer una bitácora y luego poderla compartir con ustedes, conocer en mi cuerpo las luces y las sombras de la trofología y tener el conocimiento empírico de una herramienta más para la restauración de la salud. Así que, antes de ir a mi cita, me di un clavadito en la internet, investigando qué sí es y qué no es la trofología, entonces descubrí al iNat, una comunidad de trofología en México dedicados al acompañamiento, investigación y educación al respecto. Entonces me cayó el primer 20: En la trofología podía encontrar una guía para  “comer inteligentemente” haciendo una selección, combinación y preparación correcta de insumos que beneficien al estado natural de la cuerpa: La salud.

Entonces se llegó el día de mi cita, y la cancelé, no pude llegar. Segunda oportunidad y por poco y me rajo, la cosa del detox me confrontaba con algunos temores recurrentes: falta de disciplina y una voluntad debilitada. Entonces recibí un mensaje de mi amiga trofóloga, cuestionando con cariño mi práctica de autosabotaje (me conoce) y sin darme cuenta, mi cita con la trofóloga había comenzado, mi proceso estaba abierto y no había marcha atrás.

Se llegó el día, y bastaron unas simples preguntas sobre mi alimentación para activar un proceso de recapitulación que me llevó hasta el momento de mi nacimiento, al momento en el que tomé mi primer alimento, entonces me cayó el segundo 20: “Los hábitos alimenticios nos conectan con nuestra madre”, la práctica de alimentarnos para nutrirnos es un acto de amor propio, es un acto de alta magia que nos enlaza a la Gran Madre nutridora de todo lo que tiene vida y movimiento en este planeta.

Ya en ese momento de la consulta, yo lloraba como cuando era niña, y reconocí en mi llanto a esa pequeña Nadia que lloraba cuando mamá se iba a trabajar, a esa niña que le temía a la hora de la comida, pues sabía perfectamente que al levantarse de la mesa mamá se ausentaría por el resto del día. Luego de recuperarme con unos amamachos de mi amiga trofóloga, me repongo, me acicalo los cachetes, y me preparo para recibir la instrucción del detox, entonces ella me dice: Tú no necesitas un detox, lo que necesitas es NUTRIRTE. 

¡Changos! algo se suavizó dentro de mí, y de nuevo la pequeña Nadia hizo acto de presencia, con su sonrisa pueril y lagrimas dulces para mover la cabeza suavemente y asentir lo que desde hace tiempo venía asomándose dentro de mi, pero que por las cosas de la vida, los proyectos y el trajín no le había reconocido con plena consciencia: Sí. Necesito nutrirme.

No basta con alimentarme sanamente, necesito nutrirme desde la raíz, tomar los alimentos de la Tierra con la consciencia de que ella me nutre, me hace fuerte, feliz y plena.

Entonces me cayó el tercer 20: “Antes de soltar y vaciar, asegúrate de que tus arcas estén llenitas” Bueno, algo así sentí-pensé. Ahí andaba yo, anhelando un detox con ansiedad pues estaba consciente de que mi alimentación no había sido la acostumbrada, pero más que intoxicarme con alimentos fuera de mi programa ordinario, realmente no estaba nutriéndome desde hace un par de años, pues siempre encuentro el tiempo perfecto para todo menos para mí. Y cuando tengo hambre o sed, me digo un: espérate, ahorita no es momento, tienes que…. debes de…. primero hay que….. ¿Les ha pasado?

Entonces, mi cita con la trofóloga ha sido toda una revelación, esa misma tarde hablé por teléfono con mi madre, largo y tendido. Recordó su embarazo, su cesárea, la lactancia y ¡wow! un mundo de información que me reveló más detalles sobre mi alimentación, y que ahora me tiene aquí, compartiéndoles estas letras.

Esta mañana desayuné delicioso ¡como siempre! Sólo que agregué algunos elementos que me recomienda mi nueva dieta inteligente, y claro, le agregué lo principal: la consciencia de que necesito y merezco NUTRIRME desde la raíz hasta la punta de mi Ser. Y sí, siempre hay tiempo para amarse.

Ya les iré compartiendo más de mis aventuras de amor propio  y autocuidados desde la alimentación, mientras tanto, las dejo con unas preguntas: ¿Saben cómo fueron alimentadas de bebés? ¿Les dieron teta? ¿Tuvieron alguna dificultad para comer cuando eran pequeñas?

El primer contacto con nuestro alimento es de verdad una semilla que nos regalará su verdor y sus frutos por el resto de nuestra vida.

Con cariño y gratitud para mi amiga trofóloga y sanadora Claudia Gómez, hermosa mujer de amor.

Nadia.

BLOG / Señal de esperanza

 

Arte de Brookreed

 

Por Ericka Staufert

Niña divina, quetzal de plumaje negro en la cabeza, la bóveda celeste guarda tu día con parvadas volando contra fondo de nubes grises, blancas y azules, nubes espesas que protegen tu sino y se abren apenas lo justo para que los rayos del Sol -ese Niño-Colibrí del Sur que hoy nace- iluminen los cerros de la ciudad que te recibe.

Déjame te platico, mi niña, una historia del pasado de nuestra nación y de este día -solsticio de invierno- en que abres tus ojos.

En el centro de nuestro México hubo una civilización agrícola, expertos observadores de los movimientos astronómicos, con su fe puesta en el poder de la naturaleza, muy diferentes a nosotros, niña Cielo, quienes somos pobladores del siglo XXI: civilización industrializada, con la fe puesta en el poder del concreto.

Ya descubrirás los bemoles de pertenecer a este tiempo, por ahora yo te diré una bendición que la historia nos regala: eres libre, como tu mamá, de crear a tus dioses y de religarte a la fuerza que sientas tuya, Quetzali hermosa, y por eso te hablo de aquellos antiguos mexicas que se sabían ligados al dios Huitzilopochtli, el Niño Sol que nacía con el solsticio de invierno.

Entre nosotros que somos mestizos estas cosas ya no se conocen, virtud de los hombres bárbaros que trajeron al Dios que es Tres Personas y cuya presencia sepultó al Niño Sol y a los antiguos dioses que otrora cuidaron esta tierra, nuestra tierra.

No es coincidencia que hoy estemos reunidos en torno a tu nacimiento, Cielo Quetzali, porque tú eres parte de la generación que reconciliará el pasado con el presente, que hará del sincretismo nuestra genuina identidad.

BLOG / Sobre tu cérvix y las copas menstruales

       Ilustración de Pinterest.

Por Nadia Avila Salazar

Dedico estas letras a todas las mujeres que han formado parte de nuestros talleres de GineAutogestiva, Círculos de Estudio y Círculos de Mujeres,  que,  con nervios de punta y mucha curiosidad, le han entrado al mundo de la autoexploración.

El primer encuentro con mi cérvix fue asombroso. Me maravillaba la idea de que ese pedacito de carne con forma de dona fuera una porción de mi útero. Como Ixchel apasionada de la alta tecnología de la matriz, la posibilidad de tocar y observar esa porción fibromuscular me hizo alucinar.

Me gusta sentirle todos los días por la mañana, percibir cómo cambia su posición y textura, este gusto se ha convertido en una intima relación con mi útero. Es como hacerle una caricia cada mañana para darle los buenos días.

El lenguaje de nuestro cérvix es continuo, es decir, sus cambios se llevan acabo segundo a segundo, su vaivén nos recuerda la inexorable danza de las hormonas, que somos muchas mujeres en una, que la que fuimos el día de ayer a muerto con la aurora de esta mañana.

Tu cérvix se proyecta dentro de la vagina, y en su centro existe un orificio pequeñito, que se abre milímetros para que pueda salir el menstruo mes con mes o para que los espermatozoides puedan ascender. ¡Tecnología de punta lograda por miles de años de evolución de nuestra especie!

En la siguiente ilustración podrás observar  la cavidad pelviana con todo su contenido  y cómo el cérvix se proyecta hacia la vagina.

Debido a los cambios hormonales que hacen posible nuestro ciclo menstrual, el cérvix se siente más bajo durante la menstruación, es decir, más cerca de la apertura vaginal, y si lo tocas podrás notar que su textura es firme, y algunas veces está un poquito ladeado. El orificio cervical está abierto para permitir la salida del menstruo.

Al finalizar tu menstruación, los niveles de estrógenos van en aumento produciendo diferentes cambios en tu cuerpo, uno de ellos, es que los ligamentos uterinos se contraen, elevando su posición en la cavidad pélvica, por ello, verás y sentirás cómo tu cérvix se desplaza hacia arriba en el canal vaginal. Por esta razón, durante la ovulación el cérvix está más arriba que en ningún otro momento de tu ciclo, además se encuentra centrado en el canal vaginal y con una textura blandita.

Pasada la ovulación, los estrógenos y tu cérvix irán en descenso, y así se completará un nuevo ciclo menstrual.

Te compartimos la siguiente imagen que te dará más idea de los cambios del cérvix a lo largo del ciclo menstrual. Esta imagen es de diariodeunamamifera.wordpress.com

Acerca del cérvix y la copa menstrual….

Ya entradas en los cambios cervicales y sus maravillas, es importante considerar las particularidades de tu cérvix cuando de copas menstruales se trata, pues como el menstruo sale a través de su apertura, la copa debe situarse debajo de él o alrededor para poder recolectarlo adecuadamente.

Por ejemplo, si tu cérvix es muy alto, lo ideal sería elegir una copa más alta para que al usarla no se suba tantísimo como para generarte problemas a la hora de extraerla. Y si por el contrario, tu cérvix es bajo, una copa más corta es la ideal, así no sentirás que su apéndice te molesta en la apertura vaginal.

Y de seguro te preguntarás ¿Cómo hago para medir la altura de mi cérvix?

Bueno pues, puedes empezar a explorarlo todos los días a lo largo de tu ciclo menstrual para que aprecies sus cambios, pero a mi me sirvió prestar especial atención a su posición durante la menstruación, pues así tendrás con más precisión cuál es su altura en los días en los que usarás tu copa menstrual.

Ahora, te quiero compartir algunos tips para acercarte a tu cérvix y descifrar su lenguaje.

º Lávate las manos y como súper recomendación, evita tener las uñas largas, así evitarás hacerte algún rasguño.

º Encuentra una posición cómoda que te permita estar relajada. Puede ser en cuclillas o lleva tu pie a una superficie mas elevada, que puede ser una silla o el inodoro. Procura estar tranquila, sin prisa, tómate tu tiempo.

º Introduce tu dedo medio en el canal vaginal con cuidado y suavemente y comienza a buscar tu cérvix. Te servirá sentir la textura de tus paredes vaginales y así, cuando notes un cambio en esa textura, de seguro lo has encontrado. Sentirás como si tocarás la punta de tu nariz o como una pelotita emergiendo en el fondo.

º Pon atención en cuánto has tenido que introducir tu dedo para lograr localizar tu cérvix, y luego con una regla o cinta, mide los centímetros de tu dedo que participaron en esta exploración, y listo! ya tienes un referente! Ahora que escribía esto para ustedes, descubrí un bello proyecto llamado The Green Vagina y en su website encontré un interesante artículo con respecto la medición de la altura cervical. A continuación verás el gráfico que diseñaron para darle claridad al tema, honestamente está buenísimo!

Ilustración de The Green Vagina

Entonces, cuando llegue la hora de elegir tu copa menstrual, considera tu altura cervical y la longitud de la copa, pero recuerda, los cambios cervicales son orquestados por tus hormonas, de manera que un desequilibrio hormonal puede incidir en la danza cervical.

Ahora si que, por esta razón, en Ixchelandia consideramos que la copa menstrual es la puntita de un iceberg, pues utilizarla nos invita a descubrir todo un mundo maravilloso en nosotras.

Si tienes dudas y deseas más información, envíanos un mail, nos encantaría acompañarte en esta aventura de autoconocimiento.

Con cariño de Luna Negra, Nadia. 

P.D. Te dejo unos links para que continúes explorando en el tejido de información que van hilando hermosos proyectos alrededor del mundo. ¡Que te diviertas!

www.beautifulcervix.com

www.embarazoyfertilidad.com

www.thegreenvagina.com

BLOG / Progesterona en novilunio

       “Yo no quiero caminar más” Arte de Violeta Rivera 

 

Por Ericka Staufert

Hoy me he sentido
que lo único que quiero
es echar el cuerpo en horizontal
leyendo…
apreciando…
poseyendome poesía
se me antoja algo sobre la existencia, traigo ganas de la mente de Pessoa
se me antoja también algo terso, acaso la Afrodita de Loüys
se me antoja que si quiero llorar llore y ahí, se sabe bien, cualquiera me puede hacer llorar.

Blue
Blu…

                       Bl…
B….

                                        Blue
Blue

                                                           Blue

Al principio del día me abrumó la academia con las tareas que he de presentar este fin de semana y luego me abrumó la tarea del otro fin de semana; la abrumación se dividió en el rostro de cada maestro y en la cara de cada maestra y luego tuve que parar. Hube de quejarme. Seguí respirando, volví a hacer tarea.

Un poco de claridad: mirá en el origen y en el origen miré.

En la siguiente pausa de hacer tarea tomé mi Agenda Menstrual, tomé el lápiz, me paré frente al póster de las Fases de la Luna en el 2017 y conté días y me encontré
en el intersticio de ovulación y postovulación de mi cuerpacita,
debajo de una Luna Oscura.

Dije en gesto de querer decir sarcasmo dolido y apático y dije a media voz con mirada hacia nadie pero como si estuviese escribiendo una carta:
– Querida progesterona: bienvenida.

Hija de puta
Ya vienes a joder hija de la mañana

Hija de tu chingada madre
La puta te parió

En gesto de decir todo eso lo dije en voz alta, pero a modo tierno y a voz risiona, como se le dice a una hermana, a la amiga que nos mete en problemas y lo resuelve en bruma de risas.

El día se me ha abierto con posibilidades. No quiero engañar: aún conservo este sentir azulado,

mas habiéndolo reconocido como efecto químico dentro de mí, el día se me ha vuelto otro,
el día es tan infinito como mis pensamientos y como yo,
el día es construcción mía.
El día ya no aturde.

BLOG / Repensando la Ginecología

Ilustración de Roja Lezama

Las mujeres no podemos esperar recuperar nuestra sabiduría corporal y nuestra capacidad innata para crear salud sin comprender primero la influencia de nuestra sociedad en lo que pensamos de nuestro cuerpo y la manera de cuidarlo.”

-Dra. Christiane Northrup-

 

Por Mujer Fecundada

La ciencia médica como la conocemos ahora está conformada por concepciones limitadas de la salud y la vida, es una ciencia centrada en la enfermedad y sustenta su método “curativo” en fármacos e intervenciones quirúrgicas. La especialidad médica de tratamiento de la mujer se le conoce como ginecología y se centra básicamente en las funciones reproductoras femeninas, así la ginecología ha tratado de conocer y comprender los órganos genitales femeninos más que a las propias mujeres. La ginecología, desde sus inicios ha estado profundamente sesgada por una visión masculina del cuerpo y la vida femenina; basta echar un vistazo a la historia para ver cómo la ciencia médica ha sido una herramienta poderosa de control de los cuerpos y la ginecología, el medio autorizado para deslegitimar la naturaleza femenina, ya que se fundamentó en la noción de que el cuerpo femenino era inferior, por lo que era necesario dominarlo y controlarlo.

Desde sus inicios, esta especialidad médica carga con herencias religiosas, ideológicas y culturales que argumentan imposiciones como que el cuerpo femenino es débil y anormal, y por lo tanto la mujer está eternamente enferma; estas concepciones del cuerpo femenino, trascendieron la esfera médica para ser un discurso que ha producido representaciones y prácticas de lo femenino y de identidad de las mujeres, y que hasta nuestros días prevalece en la vida cotidiana. Así, encontramos cómo hasta la fecha la ginecología no se ha podido despojar de estas concepciones reducidas y estigmatizadoras, mucho menos ha dejado de lado sus prácticas invasivas y violentas.

En nombre de la salud se interviene quirúrgicamente de manera injustificada, se medicaliza la menstruación, la fertilidad y la menopausia.

En la era moderna empezamos a vivir un cuerpo referido por conceptos que no nos pertenecían, que nos alejaban más de conocer y sentir nuestro propio cuerpo, el mayor acercamiento que nos enseñaron fue el llamado “aparato reproductor”, con una imagen plana e irreal de lo que en verdad habita dentro de nosotros, de lo que en verdad somos. Todo nos habla de replantearnos aquel modelo mecanicista de la ciencia médica que desde el siglo XVII se ha tomado como válido y correcto, revalorar las prácticas y actitudes de los “especialistas” que lejos de favorecer y sanar a las mujeres, las incapacita para conectarse con su propio cuerpo y sus manifestaciones, adormece su iniciativa y su conciencia para ejercer libremente su poder y su individualidad. Por esto es vital repensar los modelos de salud de las mujeres.

Estamos repensando a la ginecología y cada vez más mujeres en todo el planeta saben que es posible conocer y tratar el malestar y la enfermedad femenina desde concepciones más amplias y completas, concepciones paridas desde nosotras mismas, desde nuestro propio cuerpo; a esta otra visión nos gusta llamarla gyn-ecología, la ecología de la mujer, en donde un perfecto sistema orgánico se manifiesta en y con nuestro cuerpo, que somos nosotras mismas y lo que nos rodea. Así, los órganos, las hormonas, las emociones, los pensamientos, las prácticas cotidianas y todas nuestras relaciones tienen que ver con nuestro estado de salud o enfermedad. Por ello, nosotras mismas podemos intervenir y mejorar esta sensible red de interconexiones de nuestro organismo.

La gyn-ecología va de la mano con el autoconocimiento, porque nadie mejor que nosotras mismas sabe qué es lo que nos sucede, nos incomoda, nos enferma; el cuerpo habla y es necesario escucharlo, ahí está la clave de cómo podemos restablecer nuestro bienestar. La gyn-ecología echa mano de conocimientos, saberes y disciplinas que aportan una visión amplia, para conocer las causas de los malestares y para poder equilibrar el estado de salud sin efectos secundarios, sin prácticas invasivas, sino todo lo contrario, se busca restablecer esa conexión con el propio cuerpo, tomar la responsabilidad y la consciencia por el propio cuerpo, retomar el poder de sanarnos a nosotras mismas.

Sabemos que la gyn-ecología la vamos construyendo juntas, en el nombrar nuestro cuerpo y manifestaciones, nombrar de manera sencilla y natural porque al nombrarnos damos existencia, sabiendo que es una existencia cambiante y diversa en cada mujer. Por esto es preciso compartir-nos entre mujeres, y así de manera abierta, sencilla y natural hablar del cuerpo, de la sangre menstrual, del útero, del embarazo, del deseo, de las emociones.

 

BLOG / Para estar menos sola

   Arte by Akino Kondoh

 

Por Ericka Staufert 

For there are purely mental smells that have no reality. 

– Djuna Barnes-

 

La amiga de Leticia está en la sala, desde ahí le platica los altibajos de su día mientras ella hace alquimia frente a la estufa, con una mano sostiene el pocillo metálico, con la otra remueve la pócima usando un palo de madera. Entretanto, Leticia se ha envuelto en su magia, en el ir y venir del espeso líquido que con placidez bate. La voz de la amiga ha desaparecido cuando en su mente surge una niña de diez años, tallando con frenesí y en secreto la rugosidad de su calzón de lona y diciéndose en un murmullo si resulta que me muero, mi mamá me vuelve a matar si dejo los calzones así.

Se llama Inés y ahora está tolerando una charla incómoda, con otra niña de su salón que le dice ¿A ti también ya te pasó?. ¿Qué?, el rostro, que ya de por sí habla de su timidez, se ha puesto colorado en las mejillas. La compañera le señala la mancha que Inés tiene en su trasero. No aguanta más y echa a correr. En su cabeza se agitan mil pensamientos, a uno se aferra: ella sigue viva, tal vez esto no mate a la gente.

Ante la inocencia de su mamá, Leticia sonríe; mas ahora en su mirar hay tristeza: su abuela ha encontrado a la niña lavando los calzones. Leticia no quiere observar los detalles, sólo ve las lágrimas descender a la boca tiesa de su mamá, su carita enrojecida por las cachetadas, la atención fija en la orden que le da su madre: de esto no se habla, esto es nada. Más le vale no decirle nada de esto a sus hermanas. Espéreme en su cuarto. Inés camina avergonzada y se acurruca en su cama, abraza las rodillas al pecho, pero está tranquila, porque después de tres meses esperando lo peor, ahora sabe que ese dolor y ese sangrado mensual no la van a matar, que de alguna forma es normal que a parte de la pipí, de su cuerpo salga sangre. Leticia siente alivio mientras revuelve su propio menjurje y ve la taza que su abuela lleva al cuarto de Inés. La madre se sienta en la cama, pasa la adusta mano sobre la frente de su niña, Inés ha aprendido a identificar la sequedad de tal gesto como una caricia; le entrega la taza y le dice se lo va a tomar lo más caliente que pueda.

La amiga continua narrando su día. En esa otra realidad que está creando, Leticia tiene once años y por primera vez le dice a su papá que esa tarde no lo acompaña al rancho; intuye que algo va a pasarle: en esas punzadas que siente en el vientre avisora cambios relevantes. En la suavidad de un suspiro se dice ahora llegará mi menstruación. Se deja perder en el contenido de ese pensamiento y sólo regresa a la cama cuando el dolor la hace gritar ¡mamita!. En la densidad del brebaje que prepara, Leticia ve de nuevo a su mamá entrar a su cuarto y piensa ella también sabía que ya me tocaba. Inés conserva la seriedad de su niñez en el semblante, la mirada penetrante y callada que ha heredado a su hija muestra compasión, su voz suena mecánica y distante cuando le dice a Leticia ¿ya verdad? Acuérdate todo lo que te expliqué; ya sabes dónde están las toallas y cómo ponerlas, la hija asiente con el rostro pálido y contraído, frente al cual la madre se sale de su profesionalidad de enfermera y ya la abraza, la consuela con sus caricias, le soba el vientre y limpia sus lágrimas. Espérame tantito hija, voy a hacerte un…

¡Amiga! Esa voz es un golpe que regresa a Leticia a su corporeidad. Qué rico huele amiga, ¿qué me estás haciendo?. La alquimista hace un esfuerzo por volver a su realidad física, mas responde oyendo la voz de su mamá: chocolatito con orégano, luego con las voces atemporales de su sangre le dice y te lo vas a tomar tan caliente como puedas.

BLOG / Ver para atrás, caminar hacia adelante

 

Mujeres. Germán Rubio

Por: Verdecolibrí

Que “los tiempos pasados son mejores” es una frase común de la nostalgia colectiva, la que no puedo aplicar al linaje femenino del cual provengo. Yo soy la primer mujer en cuatro generaciones que se emociona cuando nota los cambios hormonales que la conducen a renovar su interior, que ve en su naturaleza un regalo para conectar consigo misma y que ha cambiado su lenguaje para representar todo esto; para mí la menstruación no es la regla, es “mi luna”, mi oportunidad mensual para renovarme y profundizar en mi ser mujer.

Dentro de la cultura que provengo -mexicana, matriarcal machista- la menstruación es vista como sufrimiento, un regalo maldito de un dios que ha castigado la curiosidad; en mi familia ha sido motivo para que los hombres se espanten de las mujeres y las hagan sentirse sucias. Para mis antecesoras menstruar era un sufrimiento que las atosigaba y que les inspiraba odio hacia los hombres, porque a causa de renovar su endometrio ellos las repugnaron.

El primer relato que conozco en mi familia -que no el primero que hubo, de eso estoy segura, porque la idea de la menstruación está tergiversada en mi sociedad desde un tiempo que no se puede determinar- es de cuando mi bisabuela, una viuda a cargo de un rancho y de dos hijas, casó a su hija mayor en los días de su luna, es decir, a mi tía abuela le tocó vivir su noche de bodas menstruando. Una boda en aquellos ayeres era muy diferente a como es ahora, pues las mujeres se casaban sin saber a lo que iban, desconocían en qué consiste el sexo, cómo se vive en unión con un varón; lo único que se sabía era que estar casada era requisito para una vida segura y respetable, lejos de la murmuración, y que la voz del marido, con sus órdenes y sus deseos, era la única que se podía escuchar en la familia.

Cada vez que imagino esta anécdota familiar me quedo anonadada, pues reflexiono acerca de la ignorancia de los supuestos tiempos mejores, en los que mi tía abuela vivió la noche más difícil de su vida -la que en el imaginario colectivo debería ser la más feliz de todas las noches-, porque lo que sigue en la historia de mi antecesora es que pasó los primeros momentos de su matrimonio soportando los vituperios de su esposo, que le reclamaba a manotazos que estuviera rota; puedo escuchar su enojo y ver su cara roja gritando “¡me vieron la cara de pendejo!, ¡¿cómo pagué por una yegua mala?!”

En la madrugada el esposo regresó a la novia a su casa. Mi bisabuela se tapaba la cara y se enrollaba en su chal atiborrada de vergüenza; haciendo un esfuerzo sobrehumano, que venció todo su recato y la llevó a ofrecer una novena a la virgen para limpiar las impurezas que brotaron de sus labios, le explicó al yerno que eso que aquejaba a su esposa es algo inevitable, un padecimiento que aqueja a las mujeres y a los hombres no les queda más que esperar a que pasen esos días.

El matrimonio de mi tía abuela quedó marcado por la experiencia que acabo de relatar: llevó sobre sí el desprecio de su esposo, que nunca confió en ella y que se le dirigía para lo mínimo indispensable, y el desdén de sus dos hijos, en los que por medio del silencio se propagó el resentimiento del padre.

Cuando a mi abuela le llegó el tiempo del casamiento se confirmó la idea que ronda en Cien años de soledad: la vida se mueve en círculos, porque también a ella le vino en suerte casarse durante su luna y su historia no fue muy diferente a la de su hermana. En esas circunstancias, en las que parecía que la vida se ríe de las personas, mi bisabuela -mujer de estrechos horizontes, ya por haber nacido en 1920, ya por haber desarrollado toda su vida en un rancho- se esforzó por hacerles frente: se llevó a cabo la parafernalia de la boda, cuando se terminó el evento le informó al esposo que no le podía dar a su mujer hasta pasadas tres noches. Troya volvió a arder. Mi abuelo, que en mi imaginación ya estaba pasado de ebrio, se encabronó y exigió que le dieran a su mujer soltando balazos al aire, pero mi bisabuela estaba determinada a que las cosas fueran diferentes para su hija menor y no cedió a los injurios.

Pese a los esfuerzos de su madre, mi abuela entró derechito a un matrimonio marcado por la desconfianza, de tal forma que encontró en su nuevo hogar a un esposo indignado e iracundo, que sentía su hombría mancillada y que vivió el resto de sus días con el pienso de que le habían dado una esposa impura, a la que otro hombre desvirginó los primeros días de su matrimonio. A consecuencia de toda esta experiencia, mi abuela percibió a los hombres como seres en los que no se puede confiar, porque son incapaces de comprender a las mujeres.

Es fácil comprender que mi mamá creciera en un ambiente donde las mujeres tenían el papel de servir a los hombres comida cuando ellos lo pidieran, siempre viendo a su papá con la cabeza inclinada, como también entender que mi mamá aprendiera de mi abuela y de mi tía abuela que a las mujeres les corresponde arreglarse la vida porque los hombres se las descomponen, por medio del desprecio que les tienen y la vergüenza que les generan.

Cerca de entrar a sus treinta años mi mamá conoció a Felipe y se casó con él. Fue como un designio dulce de la vida que ese hombre llegara a la familia Enríquez -el apeído que lleva mi madre-, porque ahí fue cuando comenzó la sanación de nuestro linaje: mi papá le ayudó a mi mamá a entender que los hombres son nuestros aliados, no enemigos, en nuestro camino por la vida; en él mi mamá se dio cuenta que no sentía vergüenza en su presencia: había encontrado un hombre que reía con ella y la impulsaba a hacer la vida que ella quería.

De tal forma que mi madre fue quien comenzó a romper con esa percepción que permeó la vida de nuestras antecesoras. Claro que algo de ese recelo en los hombres me ha llegado a mí, pero también yo hago mi parte por limpiar las heridas que han sido provocadas por el desconocimiento y la repulsión a nuestros cuerpos.

Al igual que mi mamá, tuve la suerte de encontrar un hombre respetuoso y risueño, tan curioso como yo hacia los detalles de la naturaleza, que comparte conmigo los talleres de anticoncepción natural y cada novedad que me encuentro en internet y en los libros sobre cómo ser una con mi cuerpo, que me apoya en mi labor por derribar los tabúes y paradigmas que hicieron miserables las vidas de mi bisabuela, mi tía abuela y mi abuela.

Me siento afortunada de vivir en el siglo XXI, un momento en el que las estructuras que restringieron a las mujeres van cayendo, lo que nos permite, tanto a hombres como a mujeres, relacionarnos con nuestra naturaleza de una forma más libre que en el pasado y más aún, un siglo que es el tiempo de revolucionar las mentes y con ellas al mundo.

BLOG / Recuerda mirar la Luna esta noche

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Ilustración de Irana Douer

 

“Recuerda mirar la Luna esta noche” fue el consejo que me dio una vieja loba hace muchas lunas, desde entonces lo tengo presente, cada noche. ¿Tú la observas? La verdad es que puede ser una experiencia interesante si tienes plantas, si quieres sembrar algunos alimentos para tu consumo, o si deseas navegar en tus aguas profundas.

La observación de la Luna me ha introducido a otro tiempo, si alguna vez lo haz hecho por periodos prolongados, entenderás a qué me refiero, pues su ciclicidad permea nuestra percepción, llevándonos al encuentro de un ritmo que cada vez descubrimos más personal: un propio transcurrir del tiempo.

Incorporar la observación lunar al día a día no me fue tarea fácil al principio, he tenido que encontrar la forma de recordar en algún momento de la noche, voltear al cielo y descubrirla, distinta a la noche anterior. Fueron de gran ayuda algunos métodos para recordar mirar el cielo nocturno, con el paso de las lunas todo se fue puliendo e integrando en mí, y así la observación lunar me nació como un hábito  capaz de generarme  momentos de paz, regocijo, intimidad y misterio.

Un día, observarla ya era natural y cada noche descifraba los símbolos que se despertaban en mi inconsciente, noche tras noche.  Saberla cambiante me hizo sentir una profunda complicidad, y una noche me sorprendí hablándole, versando algún poema, confesando mi sentimiento, caminando con ella. Sé que te ha pasado a ti también, alguna noche de tu vida, le has danzado a la Luna con el corazón entero, aún cuando danzabas sin estar consciente de hacerlo.

Hoy es Luna nueva, la veo aunque en el cielo esté oscura, la percibo,  la siento en mí.  ¿La sientes tú? Los océanos sí, y toda la vida en la tierra también. En noches como esta descubro un gran tesoro que no es más que una memoria muy antigua, guardada dentro de mí, dentro de cada uno de nosotrxs: La Luna nueva, negra y misteriosa, es como un  gran caldero del tamaño del universo, y dentro del caldero está el abismo, el lugar donde todo se transforma. Mañana el abismo se iluminará y nueva vida nos nacerá.

“Recuerda mirar la Luna esta noche” y  la noche de mañana también y deja que tu observación germine en cada uno de tus días. Ya irás descubriendo tu propia aventura con ella, pero esta noche recuerda mirarla, estará oscura, dentro de ti, mostrándote sus misterios, tu misterio.

Abrazos lunares, sororales desde el corazón de La Niña Roja.

Luna Nueva Otoño 2016