BLOG / Lo que necesitas es NUTRIRTE

 

Queridas compañeras, les escribe Nadia, la Ixchel que junto a su hermana, soñó en armar colectiva para acompañarnos en los procesos de la salud femenina. Mientras me leen, sientan esta sonrisa que les dejo entre letras.

Vengo a esta ventanita a compartirles la aventura de mis últimos días y cómo esta aventura cambió su rumbo sorpresivamente; la mera verdad, me gustan las sorpresas y los cambios inesperados, me resulta emocionante explorar la capacidad de adaptación y fluidez con la que mi naturaleza se muestra.

Todo comenzó en diciembre (justo antes de las bacanales de temporada) cuando me reencontré con una querida amiga dedicada a la trofología. La verdad es que hace un par de años comenzó a rondar en mi cabeza la idea de conocer cómo funciona y pa qué sirve la “trofo”, sobre todo cuando fui testigo del proceso de restauración de la salud de una comadre muy cercana que andaba batallando con el VPH y que en la trofología encontró un súper apoyo.

Entonces le dije a mi amiga trofóloga que me diera una cita para enero del 2018, pues me quería hacer un detox, ya que en los últimos meses mi consumo de café, carne y harina habían rebasado mis niveles habituales de ingesta. Claro que le dije que la cita la quería para enero, pasando los santos festines de temporada. ¿Cómo es una verdad? Ya tenía mi cita para un detox en enero y un plan inconsciente de intoxicación para cerrar el año.

La aventura del detox  se me antojaba para hacer una bitácora y luego poderla compartir con ustedes, conocer en mi cuerpo las luces y las sombras de la trofología y tener el conocimiento empírico de una herramienta más para la restauración de la salud. Así que, antes de ir a mi cita, me di un clavadito en la internet, investigando qué sí es y qué no es la trofología, entonces descubrí al iNat, una comunidad de trofología en México dedicados al acompañamiento, investigación y educación al respecto. Entonces me cayó el primer 20: En la trofología podía encontrar una guía para  “comer inteligentemente” haciendo una selección, combinación y preparación correcta de insumos que beneficien al estado natural de la cuerpa: La salud.

Entonces se llegó el día de mi cita, y la cancelé, no pude llegar. Segunda oportunidad y por poco y me rajo, la cosa del detox me confrontaba con algunos temores recurrentes: falta de disciplina y una voluntad debilitada. Entonces recibí un mensaje de mi amiga trofóloga, cuestionando con cariño mi práctica de autosabotaje (me conoce) y sin darme cuenta, mi cita con la trofóloga había comenzado, mi proceso estaba abierto y no había marcha atrás.

Se llegó el día, y bastaron unas simples preguntas sobre mi alimentación para activar un proceso de recapitulación que me llevó hasta el momento de mi nacimiento, al momento en el que tomé mi primer alimento, entonces me cayó el segundo 20: “Los hábitos alimenticios nos conectan con nuestra madre”, la práctica de alimentarnos para nutrirnos es un acto de amor propio, es un acto de alta magia que nos enlaza a la Gran Madre nutridora de todo lo que tiene vida y movimiento en este planeta.

Ya en ese momento de la consulta, yo lloraba como cuando era niña, y reconocí en mi llanto a esa pequeña Nadia que lloraba cuando mamá se iba a trabajar, a esa niña que le temía a la hora de la comida, pues sabía perfectamente que al levantarse de la mesa mamá se ausentaría por el resto del día. Luego de recuperarme con unos amamachos de mi amiga trofóloga, me repongo, me acicalo los cachetes, y me preparo para recibir la instrucción del detox, entonces ella me dice: Tú no necesitas un detox, lo que necesitas es NUTRIRTE. 

¡Changos! algo se suavizó dentro de mí, y de nuevo la pequeña Nadia hizo acto de presencia, con su sonrisa pueril y lagrimas dulces para mover la cabeza suavemente y asentir lo que desde hace tiempo venía asomándose dentro de mi, pero que por las cosas de la vida, los proyectos y el trajín no le había reconocido con plena consciencia: Sí. Necesito nutrirme.

No basta con alimentarme sanamente, necesito nutrirme desde la raíz, tomar los alimentos de la Tierra con la consciencia de que ella me nutre, me hace fuerte, feliz y plena.

Entonces me cayó el tercer 20: “Antes de soltar y vaciar, asegúrate de que tus arcas estén llenitas” Bueno, algo así sentí-pensé. Ahí andaba yo, anhelando un detox con ansiedad pues estaba consciente de que mi alimentación no había sido la acostumbrada, pero más que intoxicarme con alimentos fuera de mi programa ordinario, realmente no estaba nutriéndome desde hace un par de años, pues siempre encuentro el tiempo perfecto para todo menos para mí. Y cuando tengo hambre o sed, me digo un: espérate, ahorita no es momento, tienes que…. debes de…. primero hay que….. ¿Les ha pasado?

Entonces, mi cita con la trofóloga ha sido toda una revelación, esa misma tarde hablé por teléfono con mi madre, largo y tendido. Recordó su embarazo, su cesárea, la lactancia y ¡wow! un mundo de información que me reveló más detalles sobre mi alimentación, y que ahora me tiene aquí, compartiéndoles estas letras.

Esta mañana desayuné delicioso ¡como siempre! Sólo que agregué algunos elementos que me recomienda mi nueva dieta inteligente, y claro, le agregué lo principal: la consciencia de que necesito y merezco NUTRIRME desde la raíz hasta la punta de mi Ser. Y sí, siempre hay tiempo para amarse.

Ya les iré compartiendo más de mis aventuras de amor propio  y autocuidados desde la alimentación, mientras tanto, las dejo con unas preguntas: ¿Saben cómo fueron alimentadas de bebés? ¿Les dieron teta? ¿Tuvieron alguna dificultad para comer cuando eran pequeñas?

El primer contacto con nuestro alimento es de verdad una semilla que nos regalará su verdor y sus frutos por el resto de nuestra vida.

Con cariño y gratitud para mi amiga trofóloga y sanadora Claudia Gómez, hermosa mujer de amor.

Nadia.