BLOG / Mi historia menstrual

Cuando tenía unos 8 años, en una ocasión entré al baño y accidentalmente vi a mi madre menstruando. Fue la primera vez que supe que las mujeres menstruamos. 

Con toda simplicidad me explicó básica mente que en la pubertad comenzaría a sangrar por mi “vagina” durante algunos días cada mes, que para eso estaban las toallas sanitarias y tampones, que eran una maravilla porque antes se usaban trapos que había que lavar, también me dijo que algunas veces dolía y que ya podía ser mamá, lo cual también dolía… La verdad a los 8 años el discurso de “duele mucho pero lo vale” no es tan convincente y sinceramente me sentía en desventaja, porqué solo le pasaba a las niñas.

Recuerdo cómo me imaginaba a mi misma menstruando mientras la escuchaba , no me podía quitar de la cabeza la impresión que me causo ver el rojo de la sangre en su entrepierna y temí por el dolor que podría llegar a sentir (de pequeña solo relacionaba la sangre con dolor). Yo no quería que nada me doliera, ni utilizar las toallas sanitarias que usaba mi mamá, por lo tanto no quería menstruar.

A los 13, la mayoría de mis amigas ya estaba menstruando. Por una parte estaba contenta de que aun no me bajara, pero me preguntaba si habrían influido mis deseos de no menstruar, pero muy dentro tenía un deseo secreto por que me bajara, incluso temor de que no sucediera.

Como era de esperarse, no hay plazo que no se cumpla, comencé a menstruar pasaditos los 14`s, según yo ya sabía todo lo que necesitaba sobre menstruación y productos menstruales además que era una chica muy “vanguardista”, así que asumí mi papel de mujercita menstruante y comencé utilizando tampones, porque para mi era lo más práctico e higiénico de todo lo que “conocía”. Así que corrí al cuarto donde tenía una caja de tampones que le había quitado a una prima para estar preparada. Claro que fue super raro y un tanto incomodo al principio, sin embargo, traté de normalizarlo lo más que pude. Al terminarse la primer caja,  me enfrenté por primera vez con la amplia gama de productos menstruales que hay en el mercado, no me costó comprender los iconos de las gotitas y las palabras mini, maxi, panti, absorgel ya que había sido bombardeada con comerciales desde pequeña. Lo difícil fue elegir entre dos opciones que no me convencían en absoluto.

Los primeros meses menstruando fueron de experimentación, entre flujos, tamaños y marcas. No sentí ningún dolor ni cólico, fuera de irme acostumbrando a la practica, todo iba en total normalidad. 

Al cabo del primer año, comencé a presentar cólicos muy dolorosos y me molestaban los tampones así que muy a mi pesar, cambié a las toallas sanitarias, aunque me parecieron siempre más anti higiénicas y me podía mucho la parte de la contaminación, eran la “otra opción”.  Al cambiar a las toallas, disminuyeron los cólicos, pero ahora me sentía incómoda, húmeda y algunas veces podía percatarme de un olor desagradable proveniente de la toalla. Jamás olvidaré la  incómoda sensación húmeda y fría de la sangre coagulada tocando mi vulva, despidiendo ese olor tan peculiar de entre sudor, perfume y sangre en oxidación.

Pero bueno, siendo las dos únicas dos opciones menstruales comercialmente conocidas, tenía que hacerme el animo, así que opté por la incomodidad de la toalla, siendo esta la “menos peor”.

Muchas veces me pregunté si existiría alguna mejor alternativa para la menstruación, sin indagar demasiado al respecto, me parece que me comenzaba a resignar minimizando mi sentir, mi incomodidad y creo, es el caso de muchísimas mujeres.

10 años viví utilizando desechables, entre ignorando malestares, normalizando las incomodidades, haciendo circo, maroma y teatro, tomando pastillas para los cólicos, gastando mi dinero, deteriorando mi salud y dejando una huella ecológica de aproximadamente 450 kilogramos de basura menstrual y una gasto adjudicado por ser mujer menstruante de $4,700 pesos aprox. 

Poco después con la conciencia más despierta y la congruencia más puesta, conocí los efectos nocivos de los productos desechables y deduje que en su mayoría eran los causantes de mis cólicos menstruales, pero entre toda esta información, encontré la alternativa que cambiaría mi vida para siempre, la Copa Menstrual. Indagué al respecto y me pareció lo más congruente y afin conmigo y mi estilo de vida, sin embargo habían dudas, ya que jamás había visto una, no conocía nadie que la usara y la inversión aunque única, es un poco más alta (que en menos de un año la recuperas!!) y también era muy difícil adquirirlas en México. A los pocos meses,  conocí a mi hermana de la vida, quien ya la usaba y creció mi interés por adquirirla. Ya con toda la confianza y seguridad de conocer a una usuaria tan cercana feliz, adquirí mi primer Copa Menstrual.  Una marca Checa de silicón grado médico, que fue mi primer CopaLove <3.

Aquí cambió por completo la historia con mi menstruación.

Igual que con el tampón, fue raro al comienzo, pero en cuanto la acomodé bien, me sentí muy segura, no podía creer que no la sintiera y fuera tan simple!  Duré con ella unas 3 horas pues ya ansiaba cambiarla y experimentar con ella, ademas que no conocía en absoluto mi flujo menstrual, tenia la sensación de que se iba a derramar. Al retirarla la primera vez, hubo un poco de nervios en la maniobra, pero me relajé y pude sacarla sin problemas. Me llevé una gran sorpresa al ver que iba apenas a un cuarto de su capacidad, no niego que también fue un poco impresionante ver mi sangre, nunca la había observado toda junta con su hermoso color rojo vivo, tan brillante. 

La olí limpia por primera vez, sin perfumes ni sudor, pude reconocer ese olor familiar a hierro,  como cuando me había herido o raspado y no cupo sensación alguna de asco ya que la reconocí pura. 

Pienso que la sangre despierta memorias antiguas y al observarla por primera vez, recordé nuestra humanidad. 

Tardé aproximadamente 3 periodos en volverme experta de la copa, quitármela, ponérmela y saber cuando cambiarla, los escenarios que al principio me asustaban para cambiarla se volvieron un reto superado. Literalmente hice una simbiosis con mi copa.

En mi experiencia, aunque paulatino, fue muy corto el proceso del adaptación a la copa, pero a lo largo de este tiempo, me he encontrado con mujeres a las que les causa un enorme conflicto el hecho de que sea de uso interno, la manipulación de sus genitales y de su propia sangre menstrual, la cual conciben como un desecho desagradable. No las culpo… si no a la ignorancia, desinformación, a las costumbres de consumo desmedido, los tabúes y el miedo. Pero las invito a darse la oportunidad y experimentar la conciliación de sus ciclos y su cuerpo, a atreverse a explorar, cuestionarse lo que consumen y buscar alternativas congruentes con su propia salud.

Desde que la conocí, se la he recomendado a mis amigas ya que, familia, conocidas y demás mujeres, siempre hablándoles de mi experiencia, tan convencida estoy de sus beneficios, que se volvió mi trabajo y gran parte de mi vida.

Llevo poco más de 6 años usándola y puedo decir que es lo mejor que existe y es una gran aliada femenina.

En este tiempo he dejado de desechar 260 kilogramos de basura y ahorrado $2000 pesos en productos desechables, sin contar que ya no tomo pastillas para los cólicos, mi flujo disminuyó considerablemente de 7 a 4/5 días.  Disfruto mucho mi menstruación y trato de aprovechar y sentir al máximo esa energía que la caracteriza. 

Roja Lezama.