BLOG / Señal de esperanza

 

Arte de Brookreed

 

Por Ericka Staufert

Niña divina, quetzal de plumaje negro en la cabeza, la bóveda celeste guarda tu día con parvadas volando contra fondo de nubes grises, blancas y azules, nubes espesas que protegen tu sino y se abren apenas lo justo para que los rayos del Sol -ese Niño-Colibrí del Sur que hoy nace- iluminen los cerros de la ciudad que te recibe.

Déjame te platico, mi niña, una historia del pasado de nuestra nación y de este día -solsticio de invierno- en que abres tus ojos.

En el centro de nuestro México hubo una civilización agrícola, expertos observadores de los movimientos astronómicos, con su fe puesta en el poder de la naturaleza, muy diferentes a nosotros, niña Cielo, quienes somos pobladores del siglo XXI: civilización industrializada, con la fe puesta en el poder del concreto.

Ya descubrirás los bemoles de pertenecer a este tiempo, por ahora yo te diré una bendición que la historia nos regala: eres libre, como tu mamá, de crear a tus dioses y de religarte a la fuerza que sientas tuya, Quetzali hermosa, y por eso te hablo de aquellos antiguos mexicas que se sabían ligados al dios Huitzilopochtli, el Niño Sol que nacía con el solsticio de invierno.

Entre nosotros que somos mestizos estas cosas ya no se conocen, virtud de los hombres bárbaros que trajeron al Dios que es Tres Personas y cuya presencia sepultó al Niño Sol y a los antiguos dioses que otrora cuidaron esta tierra, nuestra tierra.

No es coincidencia que hoy estemos reunidos en torno a tu nacimiento, Cielo Quetzali, porque tú eres parte de la generación que reconciliará el pasado con el presente, que hará del sincretismo nuestra genuina identidad.